domingo, 27 de diciembre de 2015

El Manoseo y la Cultura

La Hoja Itinerante saluda y felicita a quienes hacen una labor cultural en la ciudad de Valparaíso a pesar de los pesares. Desde hace 13 años que venimos de este lado de la historia acompañando, apoyando las iniciativas que las mueve el cariño que sienten por la ciudad o por el arte u oficio que realizan, siempre el hacer está lleno de imperfecciones y/o precariedades, lo sabemos, sobre todo cuando la precariedad económica es la constante contra la cual hay que luchar para sacar adelante los empeños. 

Hoy en la perspectiva de futuro tenemos que ser más riguroso con los criterios y responsabilidades que asumamos. Chile está en un punto de inflexión, los estudiantes marchan el nuevo rumbo del país. La educación podría ser un derecho, podríamos cambiar la Constitución y el Arte y la Cultura podrían ser un aspecto de desarrollo de primer orden.

Estos nuevos aires son para esperanzarnos y poner nuevos y renovados esfuerzos, esperamos que la actividad Cultural tome nuevos rumbos, que las políticas culturales sean relaciones vivas, impulsos que hagan trascender el sentir y pensar del ser humano. Que el Arte no sea convertido en un objeto de mercado, con esos conceptos que los administradores culturales insisten con tanta majadería, tanta como The Chicago Boys imponían como religión en Chile durante los años de dictadura y sus postrimerías su modelo económico. Los productos culturales matan la esencia del arte, el arte por su condición natural tiene márgenes que no toleran las administraciones burocráticas para justificar lo injustificable.

En la perspectiva de futuro tenemos que buscar con las expresiones culturales animar nuestro desafío de expandir el aletargado vuelo de nuestro tiempo, el de esta ciudad tan manoseada.

En nuestra historia, después de haber sido una ciudad repleta de creación industrial, artística, cultural, pasamos directamente a ser regidos por bandos militares (Por la fuerza, sin la razón. Los bandos del golpe. LOM), que impuso la dictadura el año 1973. El efecto que produjo, no es difícil de imaginar, hizo pedazos el espíritu de tolerancia y convivencia que hay en ciudades puertos como Valparaíso, ciudades cosmopolitas.

La censura, persecución entre tantos males que llegaron con el advenimiento de la dictadura, tenemos que sumar la vergüenza de haber sido una ciudad con centros de tortura, barcos donde se padeció hasta la muerte. Todo y más, las políticas económicas impuestas hicieron de Valparaíso una ciudad extremadamente pobre, se pueden observar las estadísticas de la época, las familias que salieron en busca de oportunidades a otra ciudades o países, los trabajadores del PEM y el POJH, etc, etc.

Hoy para continuar con el tema de la poca empatía y manoseo, hemos tenido que vivir una interminable transición a la democracia que nadie sabe cuando terminará.Otro de los grandes males que hemos vivido por décadas son las ordenes y las visitas del poder central, cuando vienen las autoridades capitalinas o cuando vienen las empresas a ordenar esta ciudad o sus negocios ( según ellos, el porteño no está preparado para esta tarea ) , terminan dándose por vencidos al poco andar, los encuestadores traídos de Santiago no entienden las cuadras porteñas, los representantes de la capital no manejan las claves de nuestra agregación sociales. Esta ciudad tiene sus razones en las sinrazones, diría un caballero y eso los desorienta.

En fin Valparaíso es un mundo complejo, sin una plaza central, quizás el único centro que exista está en sus aguas profundas, en los bares del puerto, en los curas reaccionarios, las putas, los barcos de guerra, los poetas, los estudiantes, los portuarios, los extranjeros, en sus cantores, en su anarquismo, el paseo en lancha, en los ventarrones de septiembre, en la forma de poner las latas para que no entre la lluvia, en el detalle que quedó sin completar lo perfecto, como una alfombra mística.Valparaíso es un espacio de creación, es un momento experimental, un paso al vacío, un logro importante o un desastre.

Siempre puede y debe ser discutible todo en el arte, nunca encontraremos una verdad absoluta, afortunadamente. Pero en materia de administración de proyectos y recursos públicos, tenemos que sin desviar la atención, hacer transparente los esfuerzos para que los beneficiados sean los habitantes de la ciudad. Que los beneficiados de las políticas sean los que se empeñan durante todo el año en hacer de esta ciudad un lugar para las actividades culturales y de calidad. Que no nos siga pasando que cuando llegan recursos no veamos como se traducen en logros concretos.

Han sido millonarias las inversiones en la ciudad y el porteño tiene la legítima y legal responsabilidad de preguntar en qué se han invertido en qué se invierten los recursos y cuáles han sido, son y serán los resultados de las inversiones, porque por ahora de esto poco o nada se ve, sólo un manoseo a la ciudad.

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